martes, noviembre 06, 2012

No es lo que parece

"El hombre fuerte, es imagen de hombre fuerte: no es lo que parece, sino la sombra de la verdad."

Diego de Estella (1524 - 1578),
"Tratado de la vanidad del mundo", pps. 138.
ow.ly/f3Hy7

viernes, noviembre 02, 2012

Macedonianas

https://www.telam.com.ar/notas/201410/83585-vuelve-a-las-librerias-la-obra-completa-de-macedonio-fernandez-el-eterno-vanguardista.php

El próximo que diga/ponga "emblemático", cobra

Bien de boomers. El juego poético consiste en pedir por la significación orientada. Yo reclamo que mi palabra signifique en el sentido tal que dicho yo no quede abolido. Porque si no, para qué reclamo nada? Y así estamos.

domingo, junio 24, 2012

Una cena (tan) perfecta

Fueron en taxi hasta el hotel, casi en silencio. El volumen de la radio hubiera vuelto imposible cualquier diálogo, pero lo que mantuvo a ambos casi con la cabeza fuera de la ventanilla durante todo el viaje fue una insoportable pestilencia que se resistía, a pesar de los vidrios bajos. Mario intentó identificar su origen: le pareció una emanación tóxica producto de los componentes acrílicos del tapizado. Jovita, en cambio, habría jurado que era el conductor. Sus pies, más precisamente. Ante la vista del bamboleo gracioso del pinito desodorante colgado del espejo retrovisor, a Mario lo asaltó la sospecha de si aquello no era más que el corolario obligado de una cena tan perfecta.

sábado, junio 16, 2012

Sueño del 20 de mayo de 1999 (02:15 hs.)

Estoy en compañía de una mujer y hemos salido a ver una exposición de objetos de tortura. Pareciera que estoy en el extranjero. Tal vez, Londres. Me desperté con la palabra "Brunswick" en la cabeza. Si existe, no sé dónde queda.
Bien, el lugar es un salón donde se exponen objetos de la más variada índole, pero todos curados según el criterio siguiente: han sido empleados para suministrar tormento, pero no en el ámbito carcelario, sino en el doméstico.
El recorrido es desolador, y es frecuente oír lamentos y suspiros de entre la concurrencia, bastante nutrida, por cierto. Cada vez que alguno de los visitantes se arriesga a aproximarse hasta la información de cada pieza a descifrar de qué se trata el adefesio que acabó intrigándolo lo suficiente.
En mi caso, me obstino en conservar cierta actitud hierática y distante, que me permite no sólo conservar las formas ante mi compañía, también mantenerme protegido en semejante entorno de mi propia naturaleza curiosa.
Habríamos sorteado ya numerosas pruebas cuando al promediar el recorrido un gabinete de madera oscuro con apliques de mimbre ganó mi atención. Parecía esos relojes previctorianos que guardan con celo exagerado sus péndulos y aparejos. Tenía su altura, pero, claro, ningún reloj lo coronaba.
El curador lo había dejado junto al quicio de entrada al salón principal, al que se accedía luego de dar un obligado rodeo. Era imposible pasar frente a él sin notarlo, excepto por el hecho de que su aspecto, desprovisto de goznes, grilletes, herrajes, lucía tan cándido e inofensivo que el resto de los visitantes no parecía reparar en él. Por lo demás, la falta de indicación hacía pensar que algún changarín se lo debió olvidar allí durante el traslado de la muestra.
Era evidente que esto había sido calculado, como los sucesivos apliques de barniz que sin cuidado de su sórdida lobreguez indicaban claramente que ese baúl,  o canasto, o lo que fuera, tenía un dueño que tomaba los recaudos de su mantenimiento.
Ya rendido al acertijo busqué con disimulo alguna tarjeta en sus costados. Nada más que los lisos, pulidos hasta el hartazgo, listones planos. Casi toco la perfecta unión de los lados, admirado por la técnica del ebanista que así lo quiso.
Volví a pararme de frente, como a dos pasos de distancia, dispuesto a jugar el juego. Mi acompañante se me acercó, intrigada también ella al ver que mi atención había sido capturada. Al verme avanzar sobre la caja, ya con intención de abrirla de cualquier modo, tomó mi brazo para evitarlo. Puse una mano sobre la tapa anterior y una sensación inexplicable de odio y amenaza me llevó a empujarla de costado, firme. La hoja del frente, con sus diminutas hendijas se deslizó suavemente. Cuando ya estaba por la mitad de su recorrido, una lamparita se encendió en su interior iluminando la fotografía de tamaño natural de la que fuera en vida Lady Hilfinger Richards: un saco de huesos que espía al curioso con ojos desorbitados bajo un revuelto de cabellos que ni sus pies dejan ver, tal como fue encontrada en la bodega de un paquebote por un contramaestre excesivamente escrupuloso, en la primavera del año doce en Dover.
Sus padres, Lord y Lady Hilfinger, fueron detenidos y conducidos a presidio, mientras que la pobre niña, que no había conocido otra morada desde su nacimiento, fue a dar con su alma al hospicio de Brunswick, donde murió a la edad de veinte años.
"La caja original", indicaba la tarjeta, "no se abría".

miércoles, abril 11, 2012

"Villa Urquiza" y Borges

-En que libro de Borges esta el soneto "Villa Urquiza"?
- Primera edición de su libro "Fervor de Buenos Aires", publicado en 1923
http://mosaicosportenos.blogspot.com.ar/2011/04/acerca-de-borges-y-villa-urquiza.html

- Vos sabes que tengo las obras completas y no esta en ese libro?...
muy loco no?
para mi tambien estaba ahi, sera que en las OC esta otra edicion que no la tiene?
- Perdón, me corrijo.
Ese poema fue publicado en La Coruña, España, en 1926 en la revista
"Alfar" (Año 06, Nro. 59, pág. 02) junto con otro titulado "Las Palmas".
En dicha publicación aparece bajo el título "Villa Mazzini", que
corresponde al nombre original de Villa General Urquiza, nombre adoptado por la localidad en 1901.(1)
Otro poema (no soneto) "Villa Urquiza", homónimo del primero, fue el que
apareció en la primera edición de "Fervor...", para ser excluido del
volumen a partir del año '43, y es el que aparece en la página citada en
el mensaje anterior.
Como se puede comprobar, duplicidades, homonimias y otredades, con
Borges, siempre a la orden.

(1) Cito por
http://www.periodicos.ufsc.br/index.php/fragmentos/article/viewFile/8144/7561
pág. 26 entrada [26]

viernes, marzo 09, 2012

Marketineras

3.- Los relatos participantes deben referirse, de un modo amplio, al concepto de Cerveza-Ficción (expresado en el
documento “Principios de la Cerveza-Ficción” al que se puede acceder en www.edicionesamargord.net y, en general,
estar relacionados con el ambiente nocturrno y la cerveza, explotando los aspectos literarios del tema. No se trata de
centrar los relatos en el consumo excesivo de cerveza, sino en la función que cumple en cuanto elemento de relación
social en el más amplio sentido.
I Premio Internacional de Relatos de Cerveza-Ficción
con una dotación de 2.000 euros
destinado a fomentar la creación literaria en esa modalidad narrativa.

viernes, febrero 03, 2012

No llueve así

Soy yo.
Lloviendo.

Y el mundo siguió andando

El perdedor continuo, el factor, y la sorpresa.

miércoles, diciembre 29, 2010

Por carácter transitivo

Si el conocimiento es poder, y el poder tiende a la corrupción, luego el conocimiento tiende a la corrupción.

martes, diciembre 21, 2010

Epifanía

Exactamente a un shortcito de convertime al islamismo talibán, línea lapidaria.

sábado, enero 02, 2010

miércoles, noviembre 04, 2009

El "Ay de los sabios"

¡Ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!
Isaías 5:21

En la economía discursiva de la verdad revelada, autoridad y autorización provienen de otra parte, nunca del propio texto. Mediante esta oportuna operación se quita de los ojos lo que se expone. Porque qué sino sabiduría puede invocar la palabra, por más prudente que sea?

domingo, septiembre 20, 2009

Hipertextual, quién?

La idea de que en un momento dado de un relato cualquiera pudieran ocurrir tantos sucesos como es dable imaginar y relatarlos todavía hoy me hace agua la boca. Era la combinación de "Rayuela" y "La Biblioteca de Babel", y de un modo intuitivo se percibía que algún efecto imprevisto debería llegar de la mano del número, del orden y la magnitud. En términos ideales era inabarcable. Pero en la práctica podían pensarse un conjunto de reescrituras antitéticas, inconexas, discordantes. Costaba. Claro. Cómo no iba a costar. Pero se podía.
Sin embargo, seguimos siendo lineales. En el mejor de los casos.

viernes, septiembre 18, 2009

Quién se robó Octubre?

Para lo que les va a servir...

domingo, septiembre 13, 2009

La invisibilidad razonada

Una vez que te acostumbres a pensar en términos de voluntades, todo es mucho más sencillo. Lo único difícil entonces es recordar cómo eran las cosas antes. Porque nadie piensa en esos términos. Ni en ningún otro.

jueves, agosto 27, 2009

Soy yo, o me parece a mí?

Hasta no hace tanto tiempo atrás, cuando alguien se refería en público a escribir, por lo general significaba, precisamente, publicar. Estaba claro que entre uno y otro dista un trecho vastísimo, las más de las veces insalvable, pero la secuencia era rigurosa. Primero se escribe, y después, con mucha suerte y más trabajo, se publicaría.
A nadie se le habría ocurrido que la posibilidad inversa -publicar primero, escribir después-, pudiera existir siquiera.

miércoles, agosto 12, 2009

El principio y la incertidumbre

"En el discurso que hoy debo pronunciar, y en todos aquellos que, quizás durante años, habré de pronunciar aquí, hubiera preferido poder deslizarme subrepticiamente. Más que tomar la palabra, hubiera preferido verme envuelto por ella y transportado más allá de todo posible inicio. Me hubiera gustado darme cuenta de que en el momento de ponerme a hablar ya me precedía una voz sin nombre desde hacía mucho tiempo: me habría bastado entonces con encadenar, proseguir la frase, introducirme sin ser advertido en sus intersticios, como si ella me hubiera hecho señas quedándose, un momento, interrumpida. No habría habido, por tanto, inicio; y en lugar de ser aquel de quien procede el discurso, yo sería antes bien una pequeña laguna en el azar de su desarrollo, el punto de su desaparición posible."

Michel Foucault
Lección inaugural en el Collège de France,
pronunciada el 2 de diciembre de 1970.
"El orden del discurso", traducción de Alberto González Troyano, Tusquets Editores, Barcelona, 1980.